Salar de Uyuni, desgarrada soledad

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No es el sonido del silencio, que lo rodea a uno siempre en este rincón del planeta, lo que provoca esa admiración sin límites reflejada
en la mirada de quienes contemplan con asombro por primera vez este fantasmagórico lugar situado en pleno altiplano boliviano, a más de 3500 metros de altura, y que más parece una ensoñación que la realidad que nos rodea. Lo que verdaderamente le hace a uno quedarse con la boca abierta cuando pone el pie por vez primera en algún punto del Salar de Uyuni, el desierto de sal más grande del mundo, es su condición de infinito espejo de plata en el que la delgada línea del horizonte no separa lo real de la fantasía, lo visto de lo imaginado, y convierte en espejismo todo lo que nos rodea.

Salar de Uyuni, desgarrada soledad


Convivir con los indígenas, dormir en auténticos hoteles de sal, recorrer sus islas o simplemente pararse y contemplar alguno de los maravillosos amaneceres o puestas de sol que la Naturaleza nos regala en semejante enclave son las experiencias inolvidables que atraen cada día a más viajeros hasta este desolado paisaje, en el que, no hay duda, dejarán quieran o no un pedacito de sus almas.

El desierto de sal más grande del mundo, es su condición de infinito espejo de plata en el que la delgada línea del horizonte no separa lo real de la fantasía, lo visto de lo imaginado, y convierte en espejismo todo lo que nos rodea.

 

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