Perú, tierra de contrastes

P

erú, tierra de brumas y paracas, de fascinantes paisajes y abrumadores silencios, sorprende siempre al visitante por su diversidad y riqueza, por la infinidad de alternativas que ofrece a quien se acerca a él a través de su Historia, incaica y preincaica, de su naturaleza, de su cultura colonial y mestiza, de su puntera gastronomía y, sobre todo, de sus hospitalarias y apacibles gentes.

Machu Picchu - JorgeTraver

Perú tiene costa, sierras y selva. Playa, Andes y Amazonas. Tres destinos en uno. Y en cada una de éstas zonas atesora riquezas por igual. De distinto tipo, pues naturaleza e historia han difuminado los límites de una y otra, floreciendo las ruinas incaicas y preincaicas entre maleza y riscos casi inaccesibles, la naturaleza que todo lo cubre forzando a los hombres a abrirse paso a su través para poder gozar de las vistas más espectaculares.

 

Lo mismo que la rica literatura peruana, cuyo máximo exponente en la actualidad es sin duda el flamante premio Nobel, Mario Vargas Llosa, pero que ofrece al lector desde las crónicas del Inca Garcilaso hasta la sólida escritura de Santiago Roncagliolo, pasando por los imprescindibles Santos Chocano, César Vallejo o Alfredo Bryce Echenique.

“Mundo Viejo y Mundo Nuevo, es por haberse descubierto aquél nuevamente para nosotros,
y no porque sean dos, sino todo uno”.

Garcilaso de la Vega

 

Perú, de norte a sur

Para todo aquel que no se ha aventurado a través de sus ciudades, sus ruinas arqueológicas y sus parques nacionales, el país está inevitablemente ligado a las imágenes de Machu Picchu y del Imperio fundado por los Incas. No en vano es éste uno de los enclaves más famosos del planeta, y también uno de los más visitados. Sin embargo, el increíble patrimonio arqueológico peruano se extiende mucho más allá en el tiempo y el espacio, a civilizaciones anteriores y mestizajes posteriores, dando testimonio de sus costumbres, de su evolución y de su arte.

Así, tenemos algunos lugares que no conviene perderse: la ciudadela de Chan-Chán en el norte, legado de los Chirnú, que poblaron ésta zona tras haberlo hecho los Chavín, y las impresionantes figuras grabadas sobre la desértica pampa y conocidas como las Líneas de Nazca en el sur. Sin menospreciar el Parque Nacional de Paracas y las fabulosas Islas Ballestas.

Sin olvidar, claro está, las maravillosas ciudades peruanas cuyos cascos históricos han sido declarados Patrimonio de la Humanidad, y en torno a las cuales se articula generalmente el interés arqueológico y, por lo tanto, el mayor flujo de turistas:

Lima, puerta de entrada, fundada por Pizarro y conocida como la Ciudad de los Reyes, es una mezcla viva y fascinante de razas, estilos y modos de vida, cuna de tradiciones ancestrales y fuente de belleza allá por donde se mire; la Catedral, la Plaza Mayor, el Palacio de Gobierno, el Arzobispado, las casonas de Aliaga y Riva Agüero o la plaza de toros de Acho son algunas de las imágenes que se quedarán grabadas en la retina.

En el barrio de Barranco, en donde vivió Vargas Llosa durante más de quince años, se respira aun literatura. Y se crea, y nuevos autores ven publicadas sus obras gracias al auge que todo lo relacionado con las letras está experimentando a lo largo del país en estos primeros años del siglo XXI, lejos ya de la situación política y social que hiciese preguntarse a Zavalita, protagonista de Conversaciones en La Catedral, en uno de los mejores comienzos de novela que se recuerdan: “¿En qué momento se había jodido el Perú?”.

Las tierras del interior

Arequipa, con su Plaza de Armas, su Catedral, y sobre todo con su famoso Monasterio de Santa Catalina, cerrado durante más de cuatrocientos años a los curiosos ojos de la multitud, constituye otra de las paradas obligatorias que irán mejorando aún más el viaje.

Cuzco, con su importantísimo legado quechua, sus viejas calles empedradas y su iglesia de Santo Domingo, erigida sobre el antiguo Templo del Sol y en la que se puede apreciar el arte de la famosa Escuela Cuzqueña, con su deslumbrante iconografía, tiene asimismo mucho que ofrecer, y es desde luego el epicentro del turismo en Perú, pues es desde aquí desde donde se viaja hacia el Valle Sagrado, pudiendo visitarse Chinchero, Moray, Maras.
Sin olvidar que en los alrededores encontramos muchas otros lugares interesantes que visitar, como las ruinas de la Fortaleza de Sacsayhuaman o las de Tambo Machay

Realizar una visita al pueblo de Pisac, que tiene uno de los más bonitos y pintorescos mercados indígenas más interesante de toda América.

Podemos completar nuestro periplo visitando la tumba del Señor de Sipán en Chiclayo, en donde con toda seguridad quedaremos impresionados ante la magnificencia de los tesoros encontrados en el que está considerado el hallazgo arqueológico más importante del siglo XX. Podemos también acercarnos a la bahía de Huanchaco, un precioso lugar detenido en el tiempo en el que los pescadores todavía se echan al mar en los famosos Caballitos de Totora, unas frágiles embarcaciones hechas con dicho material.

Pero también podemos redondear nuestra experiencia disfrutando de la inigualable naturaleza del Perú, que se nos ofrece sin límites en tres enclaves espectaculares:

El cañón del Colca, con sus innumerables caminos de herradura que unen pueblos y montañas y su famosa ruta de los volcanes, que nos lleva de Hualca Hualca a Sabanyaca, a casi 6000 metros de altura.

El lago Titicaca, a casi 4000 metros de altura, navegable, espacio protegido y que paisajísticamente hablando no tiene parangón, y que nos permite por ejemplo acercarnos a la isla Taquile, un paraíso en el que apreciar ruinas pre-incaicas, o a las .

El Amazonas, famoso por sus bosques de neblina y su fauna única, cuyos representantes más famosos quizá sean los osos andinos, que nos ofrece también tesoros como la Laguna de los Cóndores o de las Momias, la catarata de la Chinata y los Sarcófagos de Karajía, tumbas de barro enclavadas en una montaña rocosa.

Machu Picchu, el paradigma de la belleza

Quizá sea la música la mejor compañía que uno puede tener cuando, tras cuatro o cinco días de caminata a lo largo del Camino Inca, y a través del Valle Sagrado, cruza el Inti Punku o Puerta del Soly contempla por primera vez las ruinas de la ciudad perdida de los Incas y es consciente de que ha llegado a uno de los lugares más maravillosos del planeta Tierra.

O quizá sea el silencio, ese silencio que te rodea durante las duras etapas de ascensión, roto solo por los sonidos misteriosos de una exuberante naturaleza que abruma y maravilla por igual, el compañero necesario durante los primeros minutos que se pasan arriba, el río Vilcanota recortado lejos, abajo, en la distancia, el Huayna Picchu elevándose majestuoso y los restos arqueológicos rodeados de verdes montañas que nos recuerdan nuestra propia pequeñez.

Es muy recomendable acercarse a tan mítico lugar en completa soledad. Porque no es fácil explicar con palabras ni compartir con nadie lo que se siente al recorrer las ruinas y mirar alrededor del Santuario histórico de Machu Picchu, Patrimonio de la Humanidad desde 1983 y de cuyo descubrimiento por parte de Hiram Bingham se acaban de cumplir ciento diez años. Visitarlo engrandece el alma y le reconcilia a uno con todo lo que de bello tiene la vida.

Un recorrido por el Perú que sin duda alguna enriquecerá a quien lo realice, y especialmente al viajero de alma intrépida y corazón generoso que se tome la molestia de conocer a sus maravillosas gentes, y cuyo complemento perfecto lo constituirán las delicias culinarias: desde el placentero sabor de los cebiches recién pescados en el Pacífico, pasando por los Andes y sus cientos de variedades de papa, hasta la Amazonia, cargada del exotismo de una cocina misteriosa y natural.

Depende de nosotros que la buena literatura siga existiendo, por el goce incomparable que produce, y por lo fundamental que es si queremos tener un futuro en libertad”.

César Vallejo

Saber más es ser más libre”

 

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